Elaborado por: Javier Medrano Director y CEO de la agencia

La realidad ha muerto, la paranoia la sustituyó



La realidad de hoy ya no está basada en hechos. La realidad de ahora es una construcción de prejuicios, fanatismos, dogmas, de campañas de desinformación, de visiones populistas, nacionalistas, guerristas y, por último, de propaganda dura y pura de regímenes totalitarios.

Esta multitudinaria creación de realidades, provocan paranoias de tales niveles que la propia clase política y social que la engendra termina sometida en su ruinosa realidad. Los expertos califican este efecto como “la paradoja de la propaganda”. Es tan grande la farsa que construyen estos populistas que terminan siendo engullidos por sus propias mentiras. El político inventa las mentiras, sus medios afines repiten esas mentiras y el político se las acaba creyendo hasta operar sólo y exclusivamente en función de esas falsedades.

La polarización política que vivimos construye un ecosistema informativo en el que ha dejado de existir una “realidad común”. Ya no compartimos valores, principios y una visión conjunta como sociedad. Las personas, de diferentes edades, tendencias, zonas, viven encapsuladas en “sus propias realidades” en función los medios de comunicación que consumen; desde los amarillistas hasta los ultraconservadores; creen más en la desinformación de sus grupos de WhatsApp, Facebook o Instagram.

Una facción política promueve una mentira descarada, pero sus partidarios la aceptan porque es más reconfortante que la propia realidad. Desde los terraplanistas, hasta los que creen que las vacunas son dañinas para la salud de las personas.

Si a esto sumamos la “infoxicación” o intoxicación por información tendenciosa, nuestra sociedad está cayendo en un pozo negro y profundo. La ecuación es si todo es igualmente increíble, todo es entonces igualmente creíble. Cada uno elige su propia versión increíble de la realidad, la defiende a muerte y mira al contrario como una amenaza a la que hay que eliminar. Todas estas visiones sesgadas y paranoicas incitan a las personas a desconfiar de sus instituciones y a creer sólo en tramas “malvadas”.

Todo esto hace que la democracia y el sentido de convivencia exploten por los aires. Si agregamos a la pócima el nocivo entorno de internet, la progresiva radicalización de los discursos en línea y su rentable viralidad, los salvajes “me gusta”, los retuits, la búsqueda irracional de followers, la impunidad de los discursos de odio, la cultura de los llamados “ofendiditos”, la emocracia - democracia de las emociones - la creciente polarización social, los políticos de la zasca y su absoluta ignorancia y la tiranía de los 280 caracteres de un tuit, socavan cada día las democracias, engordan las autocracias y alimentan las burbujas de una gigantesca pócima mortal que convierte cualquier debate, por más necesario y valioso que fuere, en una sobre simplificación torpe de la realidad.

Para los pobladores de Korea del Norte, la dinastía dictatorial, asesina y corrupta – realidad occidental – en realidad es una familia que proviene del cielo y son sus dioses fundadores, nacidos a los pies de un doble arcoíris. Para Putin y su propaganda y campañas agresivísimas de desinformación, la guerra contra Ucrania es en realidad una pelea contra la desnazificación que busca la liberación de los ucranianos. De hecho, el pueblo ruso de base está absolutamente convencido de la legitimidad de la incursión bélica de su líder absoluto, Vladimir Putin.

Terminó creyéndose sus propias mentiras, lanzó una guerra que dejó en evidencia su propia debilidad militar y bélica y sustentó su visión sesgada de que el gobierno de Zelenski colapsaría de inmediato y que los ucranianos recibirían a los rusos como libertadores. Fue todo lo contrario. Ahora Putin es un paria mundial y un criminal de guerra. 

Para el cocalero y presidente de las seis federaciones del Chapare, Evo Morales, la hoja de coca se destina al acullico tradicional, cuando en realidad el 90% de la producción de coca - según los estudios de la UNODC – es utilizado y comercializado para el narcotráfico; pero, además, en su extraviada realidad, el sueña que la DEA estaría tramando todo un complot en su contra para desestabilizar dicha zona cocalera. Y, para ponerle un listón a su desvarío esperpéntico, asegura que Nicaragua, Venezuela y Cuba, son los países más democráticos del mundo. Junto a Putin y a Erdogan, por supuesto.

Así que, amable lector, la realidad ha muerto.

Terroristas drogados, las nuevas tácticas de Hamas

En todas las guerras, desde siempre y desde que se tiene noticias, los soldados salían al campo de batalla, embebidos en alcohol o bajo alguna sustancia alucinógena. Había que cargar valor, fuerzas y mucho coraje para enfrentar a la muerte, mirarla a los ojos, para luego morir de manera honrosa. Y no como un cobarde que huye, despavorido, del filo de las lanzas.

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El massismo argentino versus el masismo boliviano

La elección presidencial está muy lejos de terminar. Ahora la segunda batalla será este 19 de noviembre donde, esta vez, sólo será entre ellos dos y que se enfrascarán en una pelea durísima en el electorado argentino. Uno siendo parte activa de un gobierno mediocre e ineficiente y otro que jamás estuvo en cargo público y que promete volar por los aires a todo lo que tenga una relación directa o indirecta con el peronismo o, peor aún, algún vínculo con el kirchnerismo.

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¿Debería ser obligatorio el debate presidencial?

Ningún acto de campaña, spot publicitario ni posteo en redes sociales reemplaza el juego de opiniones en un abierto intercambio de ideas. Ninguno. Nada hay más productivo que este encontronazo de candidatos. De lucha de fuerzas. De credibilidades. De firmezas o debilidades. Un debate es, de lejos, el mejor acto democrático que puede haber.

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Pasión por la ignorancia: Cumbre plurinacional, bloqueo minero, paro cívico, cerco a Scz

Lo patético es que el Gobierno se ha tomado una caja de Ignorital. Acojonado de risa abraza, fervientemente, la pasión por ignorar el conflicto minero en la ciudad de La Paz, que la tiene bloqueada y sumida en caos; de la escasez de gasolina generado por sus propios esbirros monolíticos y descerebrados. El Gobierno, feliz y saltando en un campo de flores, minimiza los paros, aunque sean por 24 horas de otros departamentos como Trinidad, Tarija y Cochabamba reclamando un censo el 2023. Bailando, ha convocado a una cumbre “plurinacional” en Cochabamba para generar más conflicto y peleas sociales. Dividamos, confrontemos. Nosotros tenemos la verdad. Ellos no. Claro, nosotros tomamos Ignorital, ellos, en cambio, café negro.

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Política, del arte de lo imposible, al arte de la torpeza

Por lo tanto, la democracia liberal, en sus ciclos de baja calidad y de altísimo progreso social e institucional, ha perdurado y ha regresado repetida y reiteradamente porque a las personas de diversas culturas no les gusta vivir bajo una dictadura o bajo un tiranillo de turno. Y esa es, por ejemplo, el principal valor y coraje del pueblo ucraniano para luchar cada día en defensa de su país de sus vecindarios, de sus tierras, frente a un ejército ruso obligado y desmoralizado.

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Un gobierno disociado y dislocado de los bolivianos

Embutidos en su burbuja de Plaza Murillo, los administradores del poder sólo ven enemigos, golpistas, imperialistas y una sarta de imbecilidades que sólo les sirve para mantener una narrativa desgastada, hueca, absurda, desfasada y dislocada de la realidad. Mientras que la incertidumbre respecto del futuro de la economía, la inseguridad laboral, los cambios permanentes de la seguridad jurídica para atraer inversiones o de los permanentes ataques al sector privado – generador de economía por excelencia – el Gobierno mira su ombligo y avanza con reformas discrecionales que solamente importan a algunos de sus correligionarios y se aleja, peligrosamente, de una sociedad que ya le está pasando factura.

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Santa Cruz: Puño y mano abierta al mismo tiempo

Volquemos la pregunta: ¿Qué hace hoy Santa Cruz por sus políticos? Todo. Les da palestra. Les da discurso, les da votos, les da peso político, vigencia, oxígeno, comida, pega, sueldos. Les abre las puertas a una fama personal. Los cobija. Los arropa. Los aguanta. Hasta incluso los cría y, luego, como malandros, muerden la mano que les da de comer.

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El otro conflicto moral en Ucrania: el periodismo de guerra

Una tarde infernal en Sudán – en África, allá por 1993 – el fotógrafo sudafricano Kevin Carter, apuntó su lente en un niño famélico, agonizante, en medio de un basural, enroscado y con la cabeza enorme y pesada casi besando el suelo, entregado a la muerte. Cerca del niño, de apenas tres años, alzaba sus alas amenazantes un buitre, esperando la oportunidad para clavar la estocada final. El fotógrafo esperó y graficó la escena. Aquella tragedia capturada, tiempo después, le significó ganar un premio Pulitzer. El niño murió, no por el buitre sino por otras enfermedades meses después. El debate se abrió sobre el código de ética del periodismo y del camarógrafo por no auxiliar al niño. Fue fustigado, condenado y ya harto por tanta presión, se suicidó.

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